Así que tendré que buscar un amante para que se me olvide.
Para que me olvide ti y te ponga a un lado en mi cabeza. Quizá un cajón que ocupe poco espacio y al que casi no lleguen sinapsis. Te guardaré donde guardo las cosas que no me importa que se me olviden: la batalla de Lepanto, los afluentes del Guadiana, cómo hacer raíces cuadradas.
Así cuando te vea no pensaré en mis labios recorriendo tu piel como si fuera Braille ni en el olor de tu cuerpo recién levantado. Y ¿cómo serán tus pies? ¿Y tu ombligo?
No pensaré nada de eso porque estaré bebiendo de otra fuente para quitarme la sed.
Solo pensaré Zújar, Jabalón, Matachel...
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